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Birdman.

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iPod Panic.

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Drowning.

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Bocota.

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No. Nada. (Shared using Steply)

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Querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños

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todo

¿no te das cuenta? todas esas bancas, las sillas, los sillones, las butacas, todas las orillas, las banquetas, los banquitos, todos esos lugares donde hemos estado sentados, las mesas donde pusimos las manos, los menús, los vasos, los cubiertos, las servilletas que nos tocaron la cara, las pajillas, los platos, todas las canciones que han sonado de fondo, todas las personas que nos han pasado mientras caminamos o mientras no nos movemos, o los carros que nos han rebasado, o las motos, o los semáforos, o las calles que se quedan detrás o que están siempre adelante, los pasillos, ¿recordás alguno?, los rincones, las luces, los árboles, los números, las llamadas entrantes, las llamadas salientes, las llamadas perdidas, cada una de las letras que componen cada uno de los mensajes que han pasado por la pantalla de tu celular, los correos, los mensajes de Facebook, los DM de Twitter, las servilletas, los post-it, las hojas, los lapiceros que escriben las notas, las caritas, las risas, los susurros, los silencios, los sonidos, los abrazos, los besos, los discos, las miradas, las caricias, las películas, todas las horas, todos los minutos, todos los segundos, todas las estrellas, todos los pasos, todo lo que se ha dicho y lo que no, lo que hace que esto sea esto, lo que nos sostiene el alma, lo que nos divide, lo que nos limita, todo, todo, todo lo que ha pasado y conocemos, todo, todo, hasta las nubes y su rastro de nada, hasta eso, todo, ¿no te das cuenta que el tiempo que no estamos es tiempo que no recobraremos?

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Esas cosas

Esas cosas que se dicen sin decir: el corazón en los labios, sin sonido, la garganta que tiembla, el silencio violento; hay palabras escritas en las ventanas, toda la noche, todo el tiempo, tantas lunas esperando; tanto que no se sabe, las calles llenas de suspiros, las esquinas inexploradas, el brillo de tu pupila, las fotos que no existen, que nadie mira, las letras que nadie entiende. Hay tantas cosas que se dicen sin decir, esas cosas, las que se dicen, las que se entienden, las que tenemos, las que están, las que sostienen los puentes y todo lo que viene cuando se cruzan: los caminos que abrimos sin movernos, todo lo que viene y va debajo de tus pies lo que te acerca a mi puerta lo que te construye, lo que te alimenta, esta herida rutinaria, este llanto madrugado, esto que somos que es sólo nuestro.

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Forever alone.

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Algo de nada

Luis Fernando Bobadilla Pajarito, el que una vez se autoproclamó rey de los inconformes, sale corriendo de su carro con la intención a flor de piel, con la sangre hirviendo, con ese bombeo acelerado que no logra sincronizar con sus pasos. Camina casi corriendo, casi flotando, mientras atraviesa el parqueo. Sale del parqueo, camina, corre, ¡no!, camina: tiene que tomarlo todo más tranquilo. 2 minutos más y la tendrá enfrente. Camina, el piso no se siente deslizándose debajo de sus pies. Sólo el aire, sólo las ideas, sólo la conversación que sostiene consigo mismo en su cabeza, sólo esta narración. Solo. 1 minuto más. Tic, tac, tic, tac. El tiempo: la constante marcha hacia el fin, hacia lo único seguro que es la muerte. Divaga. Todo en perspectiva, el aire, el sonido, el tiempo. Inspira, expira… la sangre cada vez más rápido. Está seguro de que la vida como la había conocido hasta ese momento está a punto de terminar. Acabará todo con todo. Está seguro de su fin, justo ahora, a punto de llegar para “ir al hueso”. Prende un cigarro y se cuelga con los dientes de él… “pase usted señor humo, siéntase usted como en casa, sin pena… invádame, poséamoe…”

Aquí va…

Sube las gradas y los detalles le impactan la vista, piedritas por doquier, mínimas, pequeñitas, ocupando lugar para llenar el espacio. Todo se torna borroso y pixelado.

Alrededor todo se convierte en números de colores, pros, contras y otros demonios calificativos. Calidad, conformismo. Busca una falsa sensación de seguridad a la que pueda aferrarse. Su cabeza invadida, la aleta se dispara: el humo alcanza sus ideas, las sospechas, las señales, el golpe, el ridículo: dar su brazo a torcer, cerrar los ojos… morirse ahí mismo.

10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… ¡BOOM!

No llega. Un dragón cae sobre él. Una inmensa bola de grasa ardiendo sale de la nada y… ¿a quién quiere engañar? Ella ya no está y él sin embargo, sigue caminando hacia la nada. Pero justo al final del camino, en la orilla del mundo, allí está ella, la nueva, de espaldas, expectante, sospechando, ilusionada… Luis Fernando da la vuelta. Corre, corre, ¡no!, camina. La muerte debe tomarla tranquilo, despacio.